Qué es la gripe felina

Gripe felina es el nombre cotidiano de una infección respiratoria alta, causada casi siempre por el herpesvirus felino (FHV-1) o el calicivirus felino. No tiene nada que ver con la gripe humana y no se puede contagiar de las personas. La imagen típica es un gato con estornudos, ojos llorosos o pegajosos, nariz taponada y, a veces, pequeñas úlceras en la boca que hacen que comer resulte molesto. Algunos gatos también parecen cansados o pierden el apetito durante unos días. Los gatitos, los gatos mayores y los gatos con el sistema inmunitario más débil suelen notarlo más.

Por qué se propaga con tanta facilidad

La gripe felina es muy contagiosa entre gatos y se transmite a través de los estornudos, los cuencos compartidos, la ropa de cama e incluso las manos o la ropa. En hogares y refugios donde los gatos viven muy juntos, un gato que estornuda puede contagiarlo rápidamente a los demás. Por eso, mantener al gato enfermo suavemente separado y lavarse las manos entre gatos puede marcar una verdadera diferencia. Los virus no se transmiten a las personas ni a los perros, así que solo tienes que pensar en proteger a tus otros gatos. Una buena ventilación y unos objetos compartidos limpios ayudan a frenarlo.

El portador del herpes de por vida

Algo que sorprende a muchos dueños es que un gato que ha tenido el herpesvirus felino suele portarlo en silencio el resto de su vida. La mayor parte del tiempo el virus permanece latente y no causa ningún problema. Durante periodos de estrés, como una mudanza, una nueva mascota u otra enfermedad, el virus puede reactivarse y traer de vuelta los estornudos o los ojos llorosos. Estos brotes son normales en los gatos portadores y suelen ser más leves que la primera infección. Reducir el estrés y mantener rutinas estables puede ayudar a que los brotes sean mínimos.

Cuidados y cuándo acudir al veterinario

La mayoría de los casos de gripe felina se manejan con cuidados de apoyo en casa, muy parecidos a cuidar un resfriado. Limpiar suavemente los ojos y la nariz, ofrecer comida caliente y de olor intenso para tentar el apetito y asegurarse de que el gato siga bebiendo ayudan mucho. Debes contactar con tu veterinario si tu gato deja de comer, se vuelve muy apático, le cuesta respirar o si los síntomas se prolongan o siguen empeorando. Los gatitos y los gatos mayores pueden deteriorarse más rápido, así que es mejor pecar de precavido y llamar pronto. Tu veterinario puede aconsejarte sobre la medicación y comprobar si hay complicaciones.

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