Arañar es normal, así que redirígelo
Arañar no es mala conducta; es una necesidad innata. Los gatos arañan para desprender las capas externas de sus uñas, para estirar los músculos de la espalda y los hombros, y para marcar el territorio con las glándulas odoríferas de sus patas. Como el comportamiento es necesario, el castigo no lo detiene, solo enseña al gato a temerte o a arañar cuando no miras. La estrategia que funciona es la redirección: haz que las superficies correctas sean más atractivas que tu sofá. Nunca consideres la desungulación; es la amputación de la última falange de cada dedo, causa dolor duradero y problemas de conducta, y es ilegal en muchos países.
Elegir y colocar los rascadores
Un buen rascador es lo bastante alto para un estiramiento de cuerpo entero, tan estable que nunca se tambalea y está cubierto de un material satisfactorio como el sisal. Ofrece también rascadores horizontales de cartón, ya que a muchos gatos les gustan ambos ángulos. La ubicación decide el éxito: coloca los rascadores cerca de los lugares donde duerme, porque a los gatos les encanta estirarse y arañar justo al despertarse, y justo al lado del mueble que el gato ya tiene como objetivo. Puedes hacer que el lugar equivocado sea menos tentador con cinta de doble cara o una manta mientras el nuevo rascador toma el relevo. Los elogios y los premios cuando el gato usa el rascador aceleran mucho el proceso.
Juego que se sienta como una cacería
Un gato de interior necesita una salida diaria para su instinto de caza, y el juego interactivo es la mejor. Usa una caña con juguete y muévela como una presa: pequeños movimientos rápidos alejándose del gato, escondites detrás de los muebles, paradas repentinas. Deja que el gato aceche, persiga y, sobre todo, atrape el juguete con regularidad, y termina las sesiones con una captura seguida de un premio o una comida para que la cacería tenga un final satisfactorio. Una o dos sesiones concentradas al día de diez a quince minutos hacen más bien que una cesta llena de juguetes ignorados. Rota los juguetes cada semana, dejando fuera solo unos pocos a la vez, para que los viejos favoritos vuelvan a parecer nuevos.
Enriquece todo el territorio
Más allá del juego, enriquece el propio entorno. Los comederos tipo puzle y las bolas de premios convierten las comidas en problemas de caza y frenan a los que comen rápido. Una repisa junto a la ventana con vistas a pájaros y a la vida de la calle es entretenimiento durante horas, y el espacio vertical (árboles para gatos, estanterías, la parte superior despejada de una librería) permite al gato vigilar su territorio y retirarse hacia arriba cuando quiere tranquilidad. Las cajas de cartón y las bolsas de papel sin asas no cuestan nada y son siempre populares. Si tu gato de repente araña mucho más, parece inquieto o deja de jugar por completo, coméntaselo a tu veterinario, ya que los cambios de comportamiento pueden ser señal de dolor o enfermedad.