Por qué lo esconden

Los gatos son notablemente buenos ocultando el dolor, y hay una buena razón arraigada en su naturaleza. Al ser a la vez un pequeño depredador y una posible presa en la naturaleza, mostrar debilidad podría convertir a un gato en un objetivo, por lo que su instinto es sufrir en silencio y seguir como si nada. Esto significa que un gato con verdaderas molestias puede seguir comiendo, ronroneando y haciendo su vida, lo que puede hacer que los problemas sean fáciles de pasar por alto. Entender este instinto te ayuda a mirar más allá de la calma aparente y a prestar atención a las pistas más pequeñas.

Las señales sutiles a las que prestar atención

En lugar de una cojera evidente, el dolor en los gatos suele manifestarse como cambios discretos en el comportamiento. Vigila si se esconde más de lo habitual, si duerme en sitios nuevos o inusuales, y si muestra reticencia a saltar hacia o desde sus lugares favoritos. También puedes notar un acicalamiento reducido o alterado —un pelaje descuidado, o un lamido excesivo de una zona en particular— junto con cambios en el apetito o en los hábitos de la caja de arena. Una cara tensa o con gesto de dolor, y la irritabilidad o agresividad al tocarlo, también son señales que merece la pena tomar en serio.

La artritis, el dolor oculto

La artritis es muy común en los gatos mayores y a menudo pasa completamente desapercibida precisamente por esta razón. En lugar de una cojera aparatosa, un gato con artritis puede simplemente dejar de saltar al alféizar de la ventana, dudar en las escaleras, o acicalarse menos porque doblarse le resulta incómodo. Estos cambios lentos son fáciles de descartar como que el gato simplemente se hace mayor y se ralentiza. Si tu gato parece menos ágil que antes, vale mucho la pena mencionarlo a tu veterinario, porque hay maneras suaves de mantenerlo cómodo.

Confía en los cambios y acude a tu veterinario

Conoces las rutinas y la personalidad normales de tu gato mejor que nadie, así que confía en ello cuando algo se sienta diferente. Cualquier cambio persistente respecto a su comportamiento habitual merece anotarse y mencionarse a tu veterinario, que puede buscar una causa y ofrecer alivio. Nunca le des a tu gato analgésicos para humanos, ya que muchos de los más comunes son tóxicos para los gatos y pueden ser mortales incluso en dosis pequeñas. Ante la duda, deja que tu veterinario dirija cualquier alivio del dolor: esa es siempre la vía más segura hacia un gato cómodo.

Con CatCompanion llevas el historial de tu gato: vacunas, peso, salud y camadas en un mismo sitio, con un aviso cuando toca.